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Prisión Amalia – Presó Amalia (Revisión 8 de julio del 2017)

Edi. Oficiales
En el solar que hoy ocupa la actual plaza de Folch i Torres, entre la Ronda de San Pablo y la Calle Reina Amàlia, a principios del siglo XIX existía el convento de San Vicente Paul, el cual quedo desafectado a raíz del incendio sufrido en 1835, con motivo de las jornadas anticlericales que se produjeron en aquellas fechas.
El convento, tenía la fachada principal en la calle Lealtad y en sus patios habían estado los huertos del convento que ocupaban lo que ahora es el resto de la plaza y el colegio Milà y Fontanals.
En 1839, las autoridades municipales decidieron el aprovechamiento del edificio y decidieron dedicar el antiguo convento a la Prisión General de Barcelona, que en un principio se llamó “Casa Municipal de Corrección” o “Cárcel Nacional” a la que eran llevados tanto hombres como mujeres y en muchos casos también iban a parar los hijos de las personas encarceladas.
La cárcel se proyectó para una capacidad de 287 reclusos, entre hombres y mujeres, (pero una cosa eran las previsiones y otra la realidad pura y dura), porque en 1847, había quintuplico su capacidad, llegando a contabilizarse 1.494 reclusos, esto suponía un hacinamiento que provocaba un doble castigo, el primero la falta de libertad (lógica por sus delitos) y otra (la peor de todas) el hacinamiento que provocaba, la falta de higiene y de comida (esta como es lógico de mala calidad), lo que provocaba que los amotinamientos fueran constantes, lo que a su vez hacía que el centro tuviera una disciplina férrea.
Según comentarios encontrados de aquellas fechas, el olor del lugar era tan malo y tan fuerte que desde muy lejos ya sabían que estabas llegando al centro penitenciario. La gran masificación y la falta de control de los funcionarios, provoco que la corrupción y los abusos, fueran constantes, en especial a las personas que no tuvieran alguien que desde fuera pudiera velar por ellos.
Los patios de la Cárcel tenían nombres: la Gardunya, de los Cordeleros “Cordelers”, en este patio que era alquilado a los fabricantes de cuerdas para poder realizar su trabajo, se realizaban las ejecuciones de pena de muerte. El día de la ejecución, este se abría al público, para que los ciudadanos pudieran contemplar la ejecución del reo.
El 12 de julio de 1892, se realizó la ejecución de Aniceto Peinador, un joven de diecinueve años, que acaparo la atención de los periódicos, por su vena poética, que estuvo realizando hasta pocas horas antes de su muerte. Una prueba de ello, son los artículos de los periódicos de aquellos días:
11de Julio de 1892 de La Vanguardia página 1 y página 2. 12 de Julio de 1892, página 1. 17 de julio de 1892, una crítica a la pena de muerte
En la ejecución estuvo presente un joven de 24 años, amigo del médico forense que asistía a la ejecución, llamado Ramón Casas, estudiante de pintura que tomo una serie de apuntes de la ejecución. Posteriormente realizo la obra, “El garrote vil”, en la que plasmo lo vivido durante el acto. El cuadro fue comprado en 1895 por el Estado español y llevado al Museo de Arte Moderno, de donde pasó primero al museo del Prado y luego en 1995 al Centro Reina Sofía de Madrid. Sin saberlo el joven poeta Aniceto Peinador, quedo inmortalizado para la historia en un objeto de arte.
El último ajusticiado a “Garrote Vil”, en la prisión Amalia fue en junio de 1897, el reo Silvestre Lluís, estaba acusado de matar a su mujer y a su hija. A partir de entonces la pena de muerte se practicó en la más estricta intimidad.
La grave situación producida en la prisión por la imposibilidad de dominar aquella situación y los constantes enfrentamientos, entre presos y funcionarios aconsejo construir una nueva cárcel en las afueras de la ciudad. En 1904 se inauguró la nueva cárcel Modelo que ha estado activa hasta el 2017.
No obstante la prisión quedo reservada a “Cárcel de Mujeres”. Fue una de las cárceles más miserables y temidas de todo Barcelona. No fue hasta 1936, que la cárcel fue derribada, trasladando a todas las presas, a la antigua masía medieval de Can Duran o Feló, en el barrio de  las Corts, que había sido convertida en asilo para “Jóvenes Descarriadas”, en dicho lugar hoy esta edificado El Corte Ingles de Diagonal.
En la actualidad en el lugar se encuentra la plaza Folch i Torres, el instituto Milà i Fontanals y el Casal de Barri Folch i Torres. Durante las obras de reforma que últimamente se han realizado en la plaza, se han puesto al descubierto restos arqueológicos que se intentaran conservar para poder ser observados por generaciones venideras.

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