Plaza Cataluña - Plaça Catalunya revisada el 3 de agosto del 2017 - La Barcelona de antes

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Plaza Cataluña - Plaça Catalunya revisada el 3 de agosto del 2017

Plazas
La Plaza de Cataluña “Plaça Catalunya”, es el centro neurálgico de Barcelona y  el punto en que comenzó la primera unión entre la ciudad amurallada  y el incipiente ensanche. A ella llegan las antiguas vías de la ciudad, (Las Ramblas y el Portal del Ángel) de ella parten también las nuevas vías del ensanche (Paseo de Gracia, Rambla Catalunya, las Rondas), otras como (Pelayo “Pelai”, Fontanella, Vergara “Bergara”), aunque ya existían después del derribo de las murallas no tenían la majestuosidad y el lujo que tienen hoy en día
El espacio que ocupa actualmente la plaza, era una explanada situada justo fuera de la ciudad amurallada frente a la puerta por donde partían los caminos que iban hacia las poblaciones cercanas, (que hoy se han convertido en distritos de la gran ciudad).  La prohibición de construir edificios en la zona cercana a la ciudad por parte del gobierno español, convirtió dicho emplazamiento en el lugar ideal para realizar todo tipo de fiestas y mercados al aire libre y el punto destinado a celebrar  acontecimientos para los que eran necesarios espacios grandes (imposible de realizarlos dentro de la estrechez de las murallas), porque congregaban un importante número de ciudadanos y forasteros que se acercaban  a la salida de la ciudad, para poder celebrarlos.
Pero con el derribo de las murallas y la aprobación del Plan Cerdá, para la realización del nuevo ensanche, (no preveía la construcción de una plaza en las manzanas 39 y 40). La zona quedo inutilizada para la celebración de este tipo de acontecimientos y pese a que la ciudadanía se movilizo para no perder aquel espacio lúdico, que serbia para desarrollar las actividades multitudinarias  al aire libre, (fiestas populares, eventos festivos, así como mercados diarios y semanales), ya que era un acceso cómodo para llegar hasta él, en especial para la gente que no poseía carruajes y lo había convertido en un  lugar importante de su asueto personal, las autoridades decidieron que en el lugar no se construyera ninguna plaza y que se edificara en ella como una manzana más del ensanche.
La primera edificación que se levantó en el lugar, que fue la estación de Martorell, que estuvo situada desde la calle Vergara a la actual Ronda Universidad, entre Rambla Cataluña y Balmes. La estación empezó a construirse en 1852, cuando Miquel Baguè obtuvo la licencia de dicha concesión, se inauguró en 1854 y aunque los primeros trenes solo llegaban hasta Molins de Rey, la estación tomo el nombre de Martorell, lugar del destino final de la línea. Años más tarde la línea fue adquirida por la Compañía de los Caminos de Hierro del Centro de Cataluña.
En 1862, se levantó otro edificio que ocuparía la estación de la línea de Sarria, en la esquina de Pelayo, ya que todavía no estaba proyectada la Plaza Cataluña y el lugar era tan solo un descampado, por el que discurría la incipiente (por entonces) Rambla de Cataluña, una prueba de ello la tenemos en el primitivo café de la Alhambra, que en los primitivos anuncios que se recuerdan aparecía con el nº 28, después con la urbanización de la plaza paso a tener el nº 4.
El año 1860 parte del Ayuntamiento, (conocedor de la opinión mayoritaria de los ciudadanos), se erigió en completo desacuerdo con el Plan Cerdá, en dedicar las manzanas 39-40, como zona edificable y no escuchar la voz de los ciudadanos en construir la anhelada Plaza de Cataluña. Solicitando al gobierno del Estado, (la derogación de esa parte del plan) y conceder el permiso necesario para convertir aquella zona en una plaza. La petición sobre el cambio de destino de los terrenos, fracasó rotundamente.
En 1863 Víctor Balaguer, ante el encargo de hacer un nomenclátor de las calles de la nueva ciudad, propone la nueva toponimia para el ensanche, en su estudio hace una referencia a la zona con este escrito: “A la salida de la Rambla, antes que ésta enlace con su prolongación, y antes de penetrar en el paseo de Gracia, existe hoy una vasta extensión de terreno que el público ha dado en llamar plaza y que las gacetillas de los periódicos y el vulgo han bautizado con el nombre de plaza de Cataluña
La constante reivindicación de la ciudadanía, hizo que las autoridades españolas conocedoras de la oposición del pueblo, temiera una revuelta de los ciudadanos como había sucedido en épocas anteriores y con el beneplácito de algunas autoridades municipales, decidió poner  fin a dichas  reivindicaciones, aprobando urgentemente el comienzo de la construcción de edificios en los terrenos de la discordia.
Con tal motivo programó para el 4 de septiembre de 1860, la colocación de la primera piedra del que sería el primer edificio que se construiría fuera del perímetro de la antigua ciudad, en los terrenos de las manzanas 39-40. Para dar una mayor notoriedad al acto y disimular una  prueba de fuerza, el gobierno, para dar más boato al acto sugiriendo que este fuera presidido por S. A. Real Isabel II, la cual se trasladaría desde Madrid para presidir dicho evento. El edificio en el que se celebraría el acto pertenecía  a un prohombre de la sociedad catalana, Manuel Gibert i Sans, antiguo militar, abogado y presidente y fundador del Gran Teatro del Liceo, que había solicitado autorización para la construcción de una casa familiar en dicha zona. En 1876 Gibert vendió los terrenos en donde estaba situado el jardín, dando paso a la construcción del teatro del Buen Retiro
Estaba situado en el espacio que hoy ocupan las dos fuentes que hay en el lado montaña de la plaza, tenía por un lado la estación de tren de Martorell. En el resto de de las dos manzanas se construyeron: En 1866 La Casa Rosich, en 1887, la Casa Estruch y el museo de la Armería. En 1876 El teatro del Buen Retiro. En 1879, El Circo Ecuestre. En 1888, Panorama de Waterloo, ese mismo año otro  espacio fue ocupado por el popular Café del “Siglo XIX”, conocido por los ciudadanos como “La Pajarera”,  junto a la Casa Gibert.
La construcción de estas edificaciones, obligaron a urbanizar la parte montaña del descampado, (las otras partes estaban ya medio urbanizadas como Paseo de Gracia, Fontanella y Rambla de Cataluña) para continuar la Ronda de San Pedro con la nueva Ronda de Universidad. Esto provoco varias quejas no solo por parte de la ciudadanía sino de los intelectuales. En la Vanguardia del 5 de diciembre de 1885 un articulista comentaba por el descuido del proceso de urbanización de la zona.  El 13 de enero de 1886 se llegaba a un acuerdo sobre la compra de terrenos con Manuel Gibert y el Ayuntamiento en la sesión del día 26 de enero de ese mismo año, publicaba en la Vanguardia del día siguiente, que había aprobado la compra de los mismos por valor de 130.000 pesetas, preparando el proyecto para la realización de su urbanización. La obra quedo finalizada la semana del 20 al 26 de diciembre de 1886.
Antes de la Urbanización de la Plaza, el lugar estaba distribuido en dos manzanas la 39 y 40 que  aprovechando el desconcierto inicial, empezaron a edificarse casas unifamiliares y construcciones lúdicas:
En la manzana 39: “Estación de Martorell”, construida en lo que hoy seria, un solar que empezaría en la parte oeste de la plaza que ocuparía unos terrenos que comprenderían la calle Bergara, Rambla de Catalunya y Gran Vía, por detrás de la estación, bajaba la célebre “Riera_d'en_Malla”, que giraba hacia la actual calle Caspe. En ella estaban ubicadas “Casa Gibert”, “Teatro del Buen Retiro”, “Casa Estruch”, “Museo de la Armeria”, Café del Siglo XIX, “La Pajarera”, “Circo Ecuestre Alegría”. “El Panorama”. En la manzana 40: “Casa Rosich”, “Casa Grases” un pequeño surtidor y las consiguientes  paradas efímeras de fines de semana y festivos.
La persistente demanda por parte de las fuerzas vivas y una parte del consistorio en conseguir la tan ansiada plaza, encontraba alguna resistencia por parte de algunos concejales del ayuntamiento presidido por Francisco de Paula Rius y Taulet, hasta febrero de 1884 y Alberto Faura y Aranyó, desde dicha fecha, lo que provoco que en La Vanguardia del día  14 mayo 1884, en su página 3, se publicara un artículo criticando la posición del consistorio en referencia  a la construcción de la Plaza.
El traslado de la estación de Martorell en 1869, sirvió para que se empacara a debatir la posibilidad de que se eliminara también la estación del ferrocarril de Sarria, esto provoco una serie de escritos a los distintos periódicos de la ciudad con opiniones muy diferentes, el 17 de noviembre de 1883, en el apartado de cartas al director, escribía Joaquín Pernau, al director de La Vanguardia, la carta escrita al director del Diario de Barcelona, para su publicación.
Pese a la intransigencia por parte del gobierno en recalificar la zona para convertir el espacio en una plaza, fueron pocas las personas que se decidieron a construir sus casas en el lugar y solo fueron locales de diversión los que se atrevieron a instalar sus negocios, temiendo una expropiación ante la insistencia del pueblo, o un cambio en la recalificación del terreno. La presión constante por parte de intelectuales y ciudadanos en convertir dicho espacio en una plaza, fue tomando cada día más fuerza y virulencia,  las autoridades de Madrid, temerosas de una nueva revuelta ciudadana (como muchas de las que habían vivido en la ciudad), después del triunfo de la ciudad, con motivo de la designación de la realización de la Exposición Universal de 1888, aprovecho el momento para autorizar la construcción de la plaza. Con un Real Orden, para el Concurso de urbanización de la Plaza de Cataluña, conforme a las bases dadas en el Boletín Oficial, de fecha 4 de setiembre de 1886.
El dos de enero de 1887, La Vanguardia haciéndose eco del interés provocado por las obras de urbanización realiza un estudio con 12 artículos, publicados por uno de sus redactores especializado en el proyecto.
Comienza entonces una rueda de pleitos para expropiar los terrenos a sus propietarios. En 1892, finalizados todos los recursos se dio la orden de expropiación de las construcciones que se habían construido durante aquellos años. En 1895, se terminaron de derribar las últimas instalaciones para poder realizar la posterior urbanización de la plaza. Ese mismo año, el alcalde Francesc de Paula Rius i Badía decreta y ordena una campaña de limpieza y derribo de todas las barracas, carpas y terrazas que aún quedaban en pie. Durante, seis largos años la plaza queda sin urbanizar. El espacio es un barrizal impracticable en invierno y una incómoda nube de polvo en verano.
El ayuntamiento, convocó un concurso para la realización de la urbanización de la plaza, El 23 de septiembre de 1893, el ayuntamiento adjudica la obra al arquitecto municipal Pere Flaquès, a la final llegaron tres proyectos que fueron expuestos a la opinión pública. Los diarios de la época. Entre ellos La Vanguardia en su edición del viernes, 25 junio 1897, página 4, los edito para que pudieran ser analizados por sus lectores.
Finalmente, en 1902, el arquitecto municipal Pere Falquès i Urpí, ajardino la plaza trazando dos grandes vías de veinte metros que unían la Rambla de Cataluña con el Portal del Ángel, y el Paseo de Gracia con las Ramblas; el resto estaba ocupado con parterres con magnolias, plátanos y flores diversas, el resto era un espacio de tierra perfectamente allanado. La opinión pública muy acostumbrada a poner motes a las cosas la rebautizo como la plaza de las escobas, un aspecto que mantendría hasta entrado el año 1915, en la que se volvió a pensar en realizar una nueva urbanización de la plaza.
En junio el ayuntamiento queriendo mejorar la urbanización de la plaza, se puso en contacto con  Josep Puig i Cadafalch, para que realice un estudio para mejorar la urbanización de la plaza. El arquitecto haciéndose eco de la opinión pública, prepara un estudio estructurado en tres volúmenes: Comentarios, Comparaciones y Proyectos.
Una de las principales reivindicaciones de la época una vez conseguida la autorización para su construcción, era la de dar a esta una relevancia, acorde con su importancia dentro de la ciudad, erigiendo un edificio oficial que fuera el eje político, pensando en construir un ayuntamiento que aglutinara los servicios de la ciudad. En 1918, le reclama la presentación del estudio y los planos del proyecto. El proyecto queda parado hasta 1923, en que con motivo de la Exposición Universal de 1929, se vuelve a retomar el proyecto. En 1923 el Ayuntamiento hace oficial el encargo a Puig i Cadafalch y en marzo de 1924, el arquitecto hace entrega solo las dos terceras partes del proyecto, por temor a una posible intromisión del proyecto.
La dictadura de Primo de Rivera y la falta de sintonía entre el dictador y el arquitecto, haces que este quede apartado del proyecto de una manera radical. La decisión de la forma de reurbanización, fue muy complicada por la nefasta actuación de los dirigentes de aquella época, (como siempre los políticos dicen que están para servir al pueblo hasta que consiguen el escaño) después se olvidan de ellos. En la reunión del 24 de marzo de 1927, celebrada en el Salón de Ciento del Ayuntamiento, se aprobaron varios proyectos de alcantarillado y obras de urbanización, en la que se desestima de forma oficial el proyecto de Puig y Cadafalch y se aceptaba el presentado por la Escuela de Arquitectura, con la oposición de los Sres. Damians y Casáis Torres.                        
En 1918, Ramón Selles Miró y un grupo de inversores catalanes promovió un proyecto arquitectónico, que se llamó “el triángulo de la discordia”, en el triángulo formado por Plaza de Cataluña, Pelayo y Bergara, que pudo marcar todavía más el conocimiento de la plaza en todo el mundo. Encargó a los destacados arquitectos estadounidenses, John Mead Howells y James Gamble Rogers, el estudio para construir un rascacielos (el más alto de Europa en aquel tiempo) en dicho espacio. El edificio que debían proyectar era una torre de 30 plantas y 130 metros de altura, que debía albergar oficinas, un hotel, galerías comerciales y en el subsuelo, la estación de ferrocarril de Sarria hoy ( FGC Ferrocarriles de la Generalitat de Catalunya), que por aquel entonces tenía la estación de superficie en la calle Pelayo. Sin embargo el proyecto que fue muy bien acogido, no contó con el beneplácito de los propietarios que estaban ya instalados y por la falta de apoyo por parte de la administración municipal.
Con la adjudicación de la Exposición Universal de 1929, se inició en 1924 la transformación definitiva de la plaza. La Exposición requería un transporte rápido que pudiera llevar desde el centro de la ciudad a la Plaza España. Para solucionar este problema se diseñaron las dos primeras líneas de metro de la ciudad. El “El Gran Metro” (actual L3 Verde),  que se inauguró el día 30 de diciembre de 1924, con un  recorrido desde Plaza Cataluña hasta Plaza Lesseps, cuya estación subterránea (Ramblas Pelayo) discurría desde Canaletas  al centro de la plaza y la línea del “Metro Transversal”, (Hoy Línea 1 Roja), con la estación en el lado montaña que se inauguró en 1926 y que iba de Cataluña hasta la Bordeta, con entradas en Paseo de Gracia y Rambla Cataluña. Esto motivo la reurbanización de toda la plaza, ya que las estaciones estaban en el subsuelo. El 25 de noviembre de 1922, La Vanguardia publicaba un artículo en el que comentaba la reunión de la junta de gobierno aprobando las obras (2). El 28 de noviembre de 1925, este mismo diario ofrecía a sus lectores una página completa de las mejoras resultantes de las obras para el ciudadano. La inauguración fue realizada el 2 de noviembre de 1927, por S. M. Alfonso XIII con el boato que en aquellos tiempos se daban a dichos acontecimientos.
En 1929 se completó la cobertura del  Ferrocarril de Sarriá desde Cataluña hasta Muntaner, lo que provoco que la estación de Plaza Cataluña se ubicase por debajo de la desaparecida Avenida de la Luz.
En 1933 el subsuelo de la plaza sufrió una nueva restructuración, se puso en marcha una nueva estación de Renfe entre las dos vías del Metro Transversal, para unir las estaciones de Arco del Triunfo con Sans.
La consolidación de la Plaza como eje central de la ciudad, hizo desde un principio que las autoridades municipales tuvieran que acometer continuos cambios conforme iban cambiando las necesidades de la plaza, tanto en su estructura, como en la circulatoria de personas y transporte.                          
La guerra civil, la hizo protagonista de episodios de enfrentamientos graves. El edificio de la Telefónica, (especialmente en los primeros momentos) fue una pieza codiciada de ambos bandos ya que a través de él se controlaban las comunicaciones con el exterior y tuvo que soportar tiroteos para poder lograr su control entre los dos bandos beligerantes. Después de estabilizado el golpe de estado, hasta la finalización de la contienda, fue un lugar de exaltación de las autoridades republicanas. Uno de los hoteles de mayor pretigio en aquellos tiempo el Gran Hotel Colon, fue confiscado por el PSUC (Partido Socialista Unificado de Cataluña) “Partit Socialista Unificat de Catalunya”, como su sede central, fundado en 1936, por Joan Comorera y Rafael Vidiella, con la llegada de la democracia y la legalización de UCD, el partido cogio un nuevo auge al lado de políticos de una cierta talla: En la acción parlamentaria destacaron sus dirigentes Gregorio López Raimundo, Antoni Gutiérrez Díaz, Francisco Candel (escritor) y Jordi Solé Tura, fue ministro de cultura con el gobierno de Felipe González.
El día 14 de marzo de 1937 en el centro de la plaza Cataluña se inauguró un monumento dedicado al Soldado del Pueblo con lo que se quería homenajear a los soldados incorporados el ejército popular de la república, que luchaba contra el levantamiento del general Franco. En su ejecución participaron una infinidad de artistas.
La figura de doce metros de altura fue modelada por el escultor Miguel Paredes, que recibió la colaboración de otros artistas: Adolf Armengol, Marcelino Puerta, José Alumà y el escenógrafo participado también el escenógrafo Joaquim Bartolí. La escultura que representaba la figura de un miliciano de pie en posición de descanso, que sostenía un fusil con bayoneta entre las manos.
El acto de inauguración fue presidido por Lluís Companys, que dirigió unas palabras a la multitud congregada en la plaza. El Hotel Colon que ya había sido requisado con los balcones engalanados con pancartas del PSUC, la UGT y las imágenes de los líderes soviéticos Lenin y Stalin.
Finalizada la guerra después de la entrada de las tropas nacionales por la Diagonal, la plaza fue protagonista de exaltación de los vencedores. Tras el 26 de enero de 1939, llego a pensarse en cambiar el nombre a la plaza por el de “Plaza del Ejército Español”, idea que fue desestimada por el general Juan Yagüe Blanco, que había entrado al frente del ejército.
Con la finalización de la guerra, la plaza sufrió un cambio urbanístico, ya que los bancos se fueron apoderando de los edificios de la plaza, lo que la hizo perder el poco encanto que tenía, ya que los almacenes y locales de ocio fueron desapareciendo de ella, lo que provoco que por las tardes en que los bancos cerraban, el público se desplazase a otras zonas. Especialmente las aceras de los lados montaña y mar. Solo hubo un sitio que rompía con la monotonía, la esquina de la calle Pelayo, El Zúrich arriba y La Avenida de la Luz, que fueron el centro de encuentro de las personas que se daban cita en la plaza.
En 1955, el arquitecto, ingeniero y empresario José María Bosch Aymerich, presidente de la inmobiliaria Levitt Bosch Aymerich y presidente del consejo de administración de la estación de esquí de Masella (Girona), ralizo un proyecto que hubiera cambiado nuevamente el paisaje urbano de la plaza, diseño un moderno rascacielos de 40 plantas para el famoso triangulo que hasta entonces tenía un solar inhabitado en los antiguos terrenos de la desaparecida estación y que afeaban aquella parte de la ciudad
El proyecto generó una gran controversia y el Ayuntamiento que no había resuelto aún la utilización del referido lugar, convocó un concurso para adjudicar la construcción de un edificio singular en el solar más codiciado de la ciudad. La inmobiliaria Levitt Bosch Aymerich fue la única que se presentó, pero la iniciativa nunca se realizó y acabó en los tribunales, después de un largo proceso judicial se acabó por abandonar el proyecto.
Con la llegada de los años 60, la plaza recibió un nuevo impulso y aunque seguía la misma monotonía en sus edificios, la plaza había aumentado de una manera considerable los movimientos de vehículos y de personas, esto provoco la apertura de nuevas entradas publicas  hacia los transportes subterráneos y una distribución del tráfico de superficie, tanto a nivel peatonal como de transporte.
Se abrieron nuevas entradas a los subterráneos que con el tiempo quedaban obsoletas y se abrían otras nuevas. La apertura en 1962 del “Corte Ingles” y las ampliaciones sucesivas agravaron más todavía el problema, ya que arrastro mucho más movimiento a la plaza, lo que provoco la última reforma importante que se realizó en ella a nivel de estructura, no así en el del tráfico, que todavía tuvo sucesivos cambios.
El entonces alcalde José María de Porcioles, (uno de los peores alcaldes en temas de urbanismo que ha tenido la ciudad), a que se debe la desaparición de una gran parte del modernismo, cambiando los edificios históricos  por edificaciones simples.  Remodelo la parte central de la plaza, eliminando el suelo asfaltado y sustituyéndolo por otro de losetas mármol izadas, que dibujaba una gran estrella enmarcada en una circunferencia, la afición (por aquel entonces) que era la de ir a dar de comer a las palomas, provoco problemas  de estabilidad de las personas, ya que después de regar o en días de lluvia, era imposible cruzar la plaza sin exponerse a un resbalón, (provocado por los excrementos de las palomas con el agua provocan muchas caídas).
En el lado montaña se colocaron dos surtidores y un parterre que los unía en el que por el lado montaña había una entrada al subterráneo en lado mar se ubicó un espacio con césped, plantas y un “Reloj Floral”, que durante un tiempo fue una atracción turística.
Pero como en la mayoría de los casos los proyectos municipales tienen dos variantes: La primera cuando se proyecta y la segunda como se realiza su conservación, la falta de vigilancia provoco el deterioro paulatino del reloj, lo que motivo que fuera eliminado dejando únicamente el césped y las plantas.
En 1966 se comenzó la construcción de un aparcamiento subterráneos que con el tiempo ha llegado a colapsar el espacio subterráneo de la plaza, siendo realmente complicado moverte dentro de él.
El parking en forma de “L”, empezaba en la plaza desde Rivadeneyra en la acera mar hasta llegar al cruce del Paseo de Gracia con la Ronda de San Pedro y un pequeño desvío hasta los sótanos del Corte Ingles. Se amplió al primer tramo de la Rambla Cataluña hasta la Gran Vía. Finalmente en 1990, se amplió con el único tramo que quedaba para ocupar de la Ronda Universidad a Canaletas cruzando por Vergara). Si uniésemos los Parkings y las estaciones, estableceríamos una nueva plaza en el subsuelo.  
En 1967, se realizó una obra en el subsuelo del cruce de Pelayo, Rambla y la propia plaza que vino a solucionar el gran número de personas obligadas a entorpecer el tráfico de la zona. Se proyectó una rotonda subterránea  para unir las estaciones de la Línea 3 y de los ferrocarriles de la Generalitat, que junto con la unión que se había realizado entre las dos líneas de metro, evitaba en primer lugar el pago de otro billete a los pasajeros del transporte y en segundo lugar evitar el tráfico (espectacular) de esos viajeros por la superficie.
El 5 de octubre de 1983, Barcelona estuvo a punto de nuevo de sufrir el zarpazo de ETA, ya que fueron colocadas dos bombas que por suerte no llegaron a estallar, una colocada en un parterre en la Ramblas de Santa Monica frente al Gobierno Militar y otra en el tercer piso del Centro Cultural de los Ejércitos “Casino Militar San Jorge”, situado en la Plaza Cataluña nº 16, que estaba situada en una trampilla del servicio de caballeros. Los artificieros del ejército, lograron desactivar los dos artefactos.
En 1984, después de muchas discrepancias se llega al acuerdo que la plaza necesita un revulsivo, ya que poco a poco ha ido degenerando, la Vanguardia del 29 de abril en un artículo, critica el deterioro que sufre la plaza, mal iluminada y desprovista de aquellos locales que en su día le dieron vida: American Soda, La Bodega Andaluza, El Bar La Luna, Café Zurich, Bracafé, Teatro Eldorado, Café Ribas, La Maisón Dorée, Restaurante La Cala, Cine Salón Cataluña (después Cine Cataluña), El Salón Rigat, Bar Lemans y la entrada de la Avenida de la Luz, que fue el lugar de cita y de reunión (en  especial en invierno), para aquellos recién llegados a la cuidad y que no se podían permitir grandes gastos y pasaban las tardes de fiesta al abrigo del frio, cerro en 1997, con la construcción del Tiangle.
En 1991, el 21 de diciembre, La Vanguardia publicaba un artículo, en el que se comentaba la posibilidad de que el grupo francés Vandaele et Pierre Ier Proyectos, si hiciera cargo de la construcción de un edificio en la  Plaza Cataluña y Vergara, lo que haría desaparecer los cines Cataluña y Vergara, en la misma página se comenta que posiblemente en el solar de la antigua estación de los ferrocarriles Catalanes realice la construcción de un hotel y unas galerías comerciales. La operación no llego a buen puerto y no fue hasta 1997 que el grupo francés AXA-UAP, se decidió definitivamente a adquirir parte de la manzana del denominado “triangulo de Oro”, para edificar el conocido edificio del Triangle.
Desde entonces la plaza ha sufrido diversos cambios en sus edificaciones. El edificio FNAC- El Triangle, soluciono de una manera menos mala, la problemática de la manzana de la discordia, enfrente el edificio del Corte Ingles poco a poco se ha ido apoderando de la manzana lado Besos, la acera lado montaña con solo dos edificios, queda con pocas posibilidades por el momento de ser una acera comercial, aun cuando ha aterrizado en ella la empresa Appel. Queda la acera lado mar, que aunque sin grandes despliegues omerciales, es la que tiene más ventaja en que se puedan producir grandes cambios y que sirve de puente entre la Puerta del Ángel y las Ramblas.




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