Palacio de la Virreina Revisado el 13 de julio del 2018 - La Barcelona de antes

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Palacio de la Virreina Revisado el 13 de julio del 2018

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Manuel de Amat i Junyent, Marqués de Castellbell (título heredado de su padre). Gobernador y Presidente de la Real Audiencia de Chile  en 1755. Virrey del Perú desde 1761, conocedor de su posible regreso a la península, mando construir en 1772 un palacete, para que estuviera construido en su futuro regreso a España, adquirió un solar en el espacio desamortizado que se había formado al derribar la segunda muralla, se había desviado por la calle Caspe, la riera d'en Malla (conocida en esa parte de la ciudad como Cagadell, Codonell, que bajaba desde la sierra de Collserola por la actual calle Balmes.
En la zona del Raval se habían desamortizado varios conventos, algunos de ellos destrozados, tras la quema que sufrieron en 1835 y se empezó  a dar forma a un futuro paseo que llevaba desde la Plaza de Catalunya siguiendo el antiguo cauce que llevaba a las marismas que existían en la playa y que hoy conocemos como La Rambla.
En el espacio liberado por la desaparición de los conventos se construyeron varios equipamientos y espacios públicos para la ciudad que aún existen actualmente, como el Liceo, El Principal Palacio, la Boquería, la Plaza del Teatro y la plaza Real. Manuel de Amat i Junyent, convencido de que ese era el lugar para vivir a su regreso a España, adquirió un terreno en lo que sería la Rambla de San José, conocida también como Rambla de las Flores, para construir su palacio en 1770.
La precipitación por construirlo, es la causa del retroceso del edificio con el resto. Ya que la primitiva anchura del paseo se vio recortada unos metros, lo que provoco que la construcción del palacete, tuviera un desvió en la alineación del edificio con respecto a los otros edificios que se construyeron ya con el plan de la urbanización aprobado, lo que provoco el desnivel existente en forma de plaza que hay delante del palacio.
Diseñado por Josep Ribes en un estilo barroco francés, con la supervisión de Manuel de Amat, que en todo momento decidió en el diseño de los interiores del mismo. Este carácter prepotente que imponía en sus decisiones, le llevo a errores garrafales que había sido según decían la causa de su cese en los cargos ocupados en la Américas. Fue construido por el maestro de obras fue Josep Ausich i Mir, con la colaboración de Carles Grau y el escultor Francesc Serra. Su construcción  duro seis años y no fue hasta 1778, que se dieron por finalizadas las obras.
Construido en un estilo barroco, la fachada está dividida en cinco cuerpos, separados por columnas jónicas, de doble altura con sillares enmarcados y tres puertas. La central con una decoración más importante continuada por los dos balcones centrales que están sobre ella y que le dan la altura de los dos pisos. Cierra la fachada una cornisa de piedra de grandes proporciones adornada con jarrones.
En el interior del edificio, una vez pasado el vestíbulo nos encontramos con un gran patio, del que parte una escalera con arcos y barandilla de hierro, que nos lleva al piso principal, en el que había construido un gran comedor, decorado con plafones pintados y relieves de yeso. El techo fue decorado con doce plafones de yeso que representaban los doce meses del año.
Regreso tras haber sido cesado en su cargo en 1776, cuando la casa estaba a medio construir. Aunque había tenido un hijo con la artista peruana María Micaela Villegas y Hurtado de Mendoza (conocida en el mundo artístico como La Perricholi), llego soltero a Barcelona, donde conoció a  Francesca de Fiveller i de Bru, con quien se casó por poderes en 1779, ya que el día de la boda Manuel de Amat se encontraba en Madrid.  Murió el 14 de febrero de en 1782 dejando como herederos a su esposa a su sobrino Antonio Amat Rocabertí y su hijo Manuel Amat y León (hijo que tuvo con la condesa de Castilla, doña Josefa de León). El heredero del título fue su sobrino, mientras el hijo con la condesa de Castilla heredó gran cantidad de dinero, tierras y joyas. El  hijo que tuvo con Micaela Villegas no tuvo ningún derecho. La viuda residió en el palacio hasta 1791, por motivo el palacio adopto el sobrenombre de palacio de la Virreina.
A partir de 1910, en el lado izquierdo a la entrada se instalaron unas casetas de madera en las que unos escribientes se dedicaban a leer y escribir cartas y documentos a aquellas personas que no sabían leer ni escribir. En 1954, las casetas quedaron destrozadas a causa de un incendio provocado, esto sirvió para que desaparecieran y fueran trasladadas.
En la actualidad, la propiedad del Ayuntamiento, el cual ha convertido el edificio en la sede del área de cultura. Las Dependencias y el patio sirven de marco de continuas exposiciones. Una sala interior ofrece una exposición permanente de los Gigantes de Barcelona.
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