Monasterio de Montesión de Plaza de Santa Ana revisada el 22 de julio del 2019 - La Barcelona de antes

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Monasterio de Montesión de Plaza de Santa Ana revisada el 22 de julio del 2019

Edi. Religiosos
La conocer la historia de este monasterio, tendremos que remontarnos  al 23 de abril de 1188, fecha en que se fundó el monasterio Santa María de Sigena, situado en  Villanueva de Sigena (Huesca). En 1321, con el fallecimiento de doña Teresa de Urrea, priora del monasterio. En verano de ese mismo año es nombrada por concesión papal la Infanta Blanca de Aragón, hija del rey Jaime II de Aragón, priora del monasterio.
Su hermana María de Aragón, casada con Pedro de Castilla, que había quedado viuda con veinte años quiso tomar los hábitos y retirarse con su hermana al monasterio.
María, que desde su viudez, había dedicado su vida a la religión, contactó con la orden de los predicadores y consiguió que estos le otorgaran licencia para la fundación de una casa de monjas dominicas en Barcelona. En 1347 con la autorización de su hermana (Priora de Sigena), formalizó la fundación del monasterio en los alrededores de la ciudad, con una comunidad, no superior a cien monjas y con una dotación económica.
María que tenía una salud muy delicada, falleció ese mismo año, dejando el monasterio recién fundado como beneficiario de sus bienes. En 1351, se colocó la primera piedra gracias al apoyo del rey Pedro II y el cardenal Nicolás Rossell , en el lugar llamado Mas de Bissanya , junto a las Reales Atarazanas, en los extramuros de la ciudad. En un principio quisieron  dedicárselo a María de Aragón, pero acabo dedicado a San Pedro Mártir.
Durante su construcción, las monjas que venían del monasterio de Prouilhe (Aude), se alojaron en una casa del portal de Jonqueres,  mientras se habilitaba la antigua encomienda templaría de Santa María de Palau, que se había clausurado en 1317 (propiedad del obispo de Vic). En 1357 el nuevo monasterio estuvo listo para ser ocupado y pudieran trasladarse  las monjas. La primera priora fue Constanza de Bellera.
Pronto se comprobó que pese a los estudios que se había realizado antes de empezar su construcción, el lugar elegido para levantar el monasterio no era el adecuado,  ya que se encontraba muy desprotegido, al estar construido fuera de los muros de la ciudad, lo que provoco que en 1359 las monjas tuvieron que huir a causa de un espectacular combate que tuvo lugar en la costa barcelonesa, delante mismo del monasterio.
En 1370 la comunidad recibió de Pedro del Ceremonioso unos solares cercanos Hospital de Colon (posteriormente Hospital de la Santa Creu). S e realizaron unas obras de adaptación para poner al día el monasterio que fue inaugurado  el 17 de abril de 1371. Sin embargo, pese a las obras de adaptación, el monasterio no reunía las condiciones que necesitaban las monjas para ejercer su apostolado.
Buscaron hasta encontrar, en la plaza de Santa Anna, cerca del convento de San Cayetano, un recinto monástico importante, que existía desde 1293, perteneciente a la comunidad formada por los canónigos  de Santa Eulalia del Campo y la de frailes de la Penitencia de Jesucristo, por lo que decidieron en 1390 adquirir la vecina capilla dedicada a Nuestra Señora de Montsió.
Los monarcas María de Castilla y Alfonso el Magnánimo, protectores de la casa de las dominicas de San Pedro Mártir, impulsaron el intercambio de los edificios entre las dos comunidades. El papa Martín V, bendecía esta combinación, por la que las comunidades, pasaban a ocupar el lugar que dejaba libre la otra. El traslado efectivo fue realizado en 1423.
Durante aproximadamente tres siglos el monasterio realizo una serie de obras en las que fue adquiriendo edificios cercanos ampliando su perímetro con las ampliaciones realizadas. El inicio del declive del monasterio tiene su inicio en el asedio sufrido por la ciudad en 1714, cuando sufrió el efecto de los bombardeos de las tropas borbónicas, que causaron grandes desperfectos y que obligaron a las monjas a abandonar el convento.
Finalizado el sitio a la ciudad, el monasterio  fue restaurado  y después de unas costosas y largas obras, las monjas pudieron volver. Pero nuevamente entre 1808 y 1814, con motivo de la guerra de la Independencia y posteriormente  por una ocupación militar en 1823, volvió a sufrir serios desperfectos. El cierre de 1934, de los edificios religiosos, volvió a expulsar nuevamente a las monjas del convento.
En 1835, el monasterio fue ocupado por el Liceo Filarmónico-Dramático Barcelonés. En 1845, recuperado el orden vuelve nuevamente la congregación, encontrando el edificio en un estado lamentable. En 1869 los militares volvieron a ocupar el monasterio, lo que obligo que la comunidad se viera  obligada a abandonar en monasterio y refugiarse en el monasterio de los Ángeles. Mientras que los ocupantes intentaban la demolición de los edificios que ocupaban, la ciudadanía  comenzó una campaña para salvar lo que los ciudadanos consideraban monumentos dignos de conservarse. Finalmente en 1875 las monjas recuperaron la propiedad, pero en tal estado de ruina que finalmente se optó por vender el solar y levantar un monasterio nuevo.
El 24 de enero de 1888, La Vanguardia, en su página 3, comentaba la noticia de la venta del antiguo Monasterio, unos meses más tarde, el 3 de octubre, nuevamente La Vanguardia se hacía eco de la colocación de la primera piedra  de la parroquia  de San Raimundo de Peñafort, en la Rambla de Catalunya, 115, junto a la calle Provenza. Para su construcción el arquitecto  Joan Martorell, tuvo que desmontar la antigua iglesia piedra a piedra y reconstruir la iglesia, el claustro y la sala capitular, en la nueva parroquia.
Al principio de la guerra civil, como otras tantas iglesias, fue atacada por los milicianos, que con su irresponsabilidad y sus actos anticlericales, con el apodo de demócratas, privaron a los creyentes y a los que no lo somos de poder conservar edificios y obras de arte de nuestros antepasados. La parroquia de San Raimundo de Peñafort, sufrió la quema del retablo del altar mayor. En la actualidad se contempla un nuevo retablo que fue inaugurado en 1950, obra de Claudi Rius i Garrich, que también realizó, algunas de las imágenes que hay en la Iglesia.
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