La Llegada del Cine rev. 15-12-17 - La Barcelona de antes

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La Llegada del Cine rev. 15-12-17

Cines
Cuando visitó las salas multicines, no dejo de pensaren la transformación sufrida  por este medio de diversión en poco más de un siglo.
La primera constancia que se tiene data del 2 de mayo de 1895, se trataba de la visión de fotografías animadas que podían ser observadas a través del visor de un Kinetoscopio Edison, que se encontraba instalado en la plaza de Cataluña, frente al Círculo Ecuestre. Un año después el 24 de mayo de 1896 se presentó el Animatógrafo de Paul en el Teatro Eldorado, también en la plaza de Cataluña esquina con Vergara. Otro ingenio con vistas animadas fue el Kinetógrafo que fue presentado, en el vestíbulo del Teatro Principal, frente a la plaza del teatro, el 5 de junio de 1896.
Corría el año 1896, cuando llegaba el Cinematógrafo Lumière a Barcelona. No existe una fecha exacta, ya que son las que se disputan ese honor, pero si existe el lugar: para Miguel Porter i Moix, en su libro  “Historia del Cinema Catalá”, editado en 1969, la fecha es el 15 de diciembre de 1896, para Palmira González, discrepaba en la fecha y la adelantaba al día 10 de diciembre del mismo año, y aunque consideraba que la apertura al público había sido el día 14, la fecha de presentación de la primera sesión del “Cinematógrafo Lumière” (había sido privada), en los estudios de los fotógrafos Napoleón, de la Rambla de Santa Mónica nº 15-17, correspondía al día 10.
Realmente el día 10 de diciembre de 1896, en sus ediciones  daban la siguiente noticia. Esta noche  en los locales de la casa de los fotógrafos señores Napoleón, (Anne Tiffon Cassan, hija de Napoleón Tiffon y su marido Antonio Fernández Soriano conocido como Fernando), los hermanos Auguste Marie Louis Nicolás Lumière y Louis Jean Lumière, presentaran su invento el cinematógrafo, o sea, la exhibición de fotografías en movimiento.
El Diario de Barcelona, en su edición del día 12 de diciembre, el lunes 14 de diciembre se efectuara la  apertura al público en general del Cinematógrafo Lumière a partir de las cinco de la tarde hasta las diez de la noche, la entrada a las sesiones de demostración de dicho invento serán a beneficio de los soldados que regresan heridos y enfermos de la isla de Cuba, al precio de la entrada será de una peseta.
Sea cual sea la fecha que podemos considerar como correcta, lo que nadie puede negar es (que la presentación de un medio que revoluciono al mundo), tuvo lugar en nuestra ciudad en el mes de diciembre de 1896. Ha pasado apenas un siglo, para revolucionar los sistemas de producción y proyección de imágenes
A excepción del local de los fotógrafos Napoleón, la irrupción de cine no se realizó en teatros, sino en  barracas ambulantes, o en salones de music-halls y locales populares. La burguesía era reacia a trasladarse a esos lugares a contemplar el nuevo invento del siglo XX. Fue a partir de la inauguración de la Sala Mercè el 1904, local proyectado por Antoni Gaudí, que la burguesía comienza a interesarse por el nuevo arte.
Los fotógrafos Napoleón  viendo la aceptación del nuevo invento instalan  (en la Puerta de la Paz, frente a la tapia del Parque de Ingenieros, posteriormente el edificó el Gobierno Militar), un barracón “Cinematógrafo Colon”, para poder proyectar de una forma más popular, un nuevo lugar de proyección.
Otros pioneros de la difusión del cine en nuestra ciudad, fueron los hermanos Manuel y Mariano Belio Gracia, que habían empezado a final del siglo XIX, en una chabola al final de la Rambla Santa Mónica, a realizar sesiones de cine, posteriormente alquilaron un local en la Rambla del centro en 1904 al que bautizaron Belio-Graff, en el cual estuvieron hasta el 1913, fecha en que se inauguró como Cine Príncipe Alfonso, hasta que se convirtió en Cine Ramblas, desaparecido en 1967
Fue tal la expectación  creada en la ciudad con la aparición del cine, que se calcula que a principios del siglo XX, entre barracones teatros, cafés y espacios públicos había más de 30 lugares donde se podía ver las primitivas sesiones de cine. En resumen, incluyendo las barracas itinerantes y los locales en donde se proyectó sólo por poco tiempo, podemos decir que en los cuatro últimos años del siglo pasado en la Ciudad Condal se hicieron sesiones públicas de cine en más de treinta locales.
En la década de los 50 era normal encontrase con personas que se dedicaban a transportar, entre cines de un mismo distribuidor  las bobinas de una misma película, para que una misma copia se pudiera ver en varios cines. El estrés que soportaba el celuloide, provocaba  los célebres cortes de las cintas que se producían durante las sesiones, por la sobre explotación y la calidad del soporte, que interrumpían la sesión, hasta que el maquinista empalmaba la película.   

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