La Casita Blanca (meublé) revisada el 14 de septiembre del 2019 - La Barcelona de antes

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La Casita Blanca (meublé) revisada el 14 de septiembre del 2019

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Sin duda alguna, el edificio no pasara a la historia por su proyecto, ni por su arquitecto, ni tampoco por su constructor, pero sí que pasara por su historia y por las historias vividas entre sus paredes durante un siglo y por ser un exponente de la hipocresía de los estamentos políticos, que chillan con la boca grande y comen con la pequeña.
La casita blanca fue un famoso meublé (establecimiento dedicado a facilitar los encuentros sexuales de corta duración), en Barcelona. El edificio estaba situado en la calle Bolívar 2-4, esquina con Ballester y con la avenida de Vallcarca. Sus comienzos a principios de siglo, fueron los de un establecimiento dedicado a la restauración (marisquería), en el que se comía tan bien y tan abundante, que los clientes al finalizar la comida, comentaban “si ahora cogiera yo una cama”. Tanta veces su propietario escuchó este comentario que decidió habilitar una serie de habitaciones en el primer piso, para poder ofrecer este servicio a los comensales, esta idea sin malicia al principio, se convirtió el algo acostumbrado en algunas parejas, que después de comer se retiraban a descansar una vez finalizada la comida.
Poco a poco la noticia se comentaba en las altas esferas que veían un pequeño escape en sus comidas, digamos de negocios extramatrimoniales. La idea de la siesta fue comentada y conocida por fabricantes y empresarios, que vieron en dichas comidas lograr alguna cosa más si se presentaba la ocasión. Esta noticia llego a oídos de Jordi Sendra un empresario de Vilafranca de Penedès, que en 1912, adquirió el negocio, con el fin de realizar unos cambios y crear un negocio que en el transcurso  de los años, le hizo pasar a la historia.
Sendra, en seguida se dio cuenta que si quería tener éxito en su proyecto, debía explotar dos virtudes exigidas por los clientes: La “discreción”,  para que no se conocieran (fácilmente) el nombre de las personas que ocupaban las habitaciones. Que los clientes se vieran protegidos de ser vistos por otros clientes para mantener así su anonimato. Para ello se ingeniaron una serie de entramados y movimientos  tanto para que los automóviles como para las personas.
Los automóviles tenían un semáforo en la entrada, que no se ponía verde, hasta que el coche anterior estaba completamente camuflado y los ocupantes se encontraban fuera de la vista de los nuevos clientes. Después una serie de pasillos y puertas con luces rojas y verdes permitían el paso a la siguiente estancia, lo que hacía imposible ser visto ni encontrarse con otra persona,
La decoración realizada por el cuñado de Sendra, estaba minuciosamente pensada para dar un ambiente relajado, lejos de las decoraciones excitantes de los burdeles europeos, las 43 habitaciones estaban realizadas con un ambiente cálido, en las que se había empleado la madera noble y los tonos rojos,
Para poder entrar debías tener 23 años cumplidos y no se aceptaban nada más que parejas tradicionales. Sobre los problemas de posibles atracos atribuidos al local casi todos son falsos. Ya que solo se puede contabilizar uno y de este suceso  tengo dos versiones de personas que estuvieron en el atraco:
Manuel Fornés Marín, fue uno de los integrantes del grupo que asaltó el meublé de La Casita Blanca, el 9 de octubre de 1949, el cual hizo unas declaraciones agosto del 2012, en Segur de Calafell, en la que contaba lo sucedido ese día. "Era un prostíbulo muy frecuentado y conocido por la alta burguesía catalana, se trataba de darles miedo, de hacer saber a los ricos que eran vulnerables”,   que una acción económica, nos llevamos 37.000 pesetas y documentación de los clientes adinerados que eran habituales en el local.
El siguiente testigo pertenece a una persona que ese día estaba en el lugar de los hechos y realizo una entrevista que se publicó en La Vanguardia del 28 de marzo de 2016, en su separata “Vivir” , siempre bajo el anonimato, el cual sitúa la acción a primeros de septiembre de 1950, (yo particularmente no me equivocaría ni de mes y de año), en lo único que acierta es que eran maquis y eran cinco o seis y  que huyeron en un coche, comenta que les llevaron a la comisaría de Lesseps y en un descuido de la policía él también huyo para que no se enterase su familia. Al día siguiente denunció que le han robado en el tranvía.
Todas las habitaciones (aunque de distintas categorías), tenían un sistema de información digno del siglo XXI, sobre una  mesilla tres botones daban la clave en una centralita del servicio solicitado por el cliente, el “Rojo”, estaba para pedir el servicio del camarero, el “Verde”, estaba para salir a pie del edificio y el “Amarillo” era para que solicitasen el servicio de un taxi. Se cuidaba tanto la seguridad de los clientes, que los domingos se comunicaba en un panel los resultados  y de los incidentes habidos.
Era imposible encontrarse con otros clientes, ya que antes de desalojar la habitación debías avisar a recepción. Lo que hacía poner en marcha una operativa, que hacía imposible encontrarte con alguien en los pasillos. No estaba permitido el pago de los servicios con tarjeta de crédito, para no dejar rastro de su paso por el local.
La Limpieza, en aquel entonces constituía el mejor reclamo para sus clientes, con el fin de poder prevenir los posibles contagios (ya que aunque no se podían  prevenir  los contagios entre personas), si se podían evitar los que concernían a la pulcritud y la limpieza del servicio. El nombre que adopto con el tiempo fue el de “La Casita Blanca”, ello se debió, a que los ciudadanos veían desde la calle la terraza del edificio (diariamente), llena de  sábanas blancas, que abarrotaban todo el terrado.
El 28 de diciembre de 1971, fue clausurado, por el juez Andrés de Castro en el marco de una operación contra la prostitución, A principios de 1976, el edificio fue amenazado de expropiación por el Plan General Metropolitano de 1976. El Ayuntamiento, quería ensanchar la avenida del Hospital Militar, lo que suponía eliminar la finca que ocupaba la Casita Blanca. El 23 de febrero de 1977, volvía a funcionar normalmente.
En 1975 Joan Manuel Serrat, compuso una canción dedicada a La Casita Blanca. Entre el 2001 y el 2002, Carles Balagué realizo el documental  La Casita Blanca, la ciudad oculta. En el 2011 Silvia Munt, dirigió la película  “Meublé. La casita blanca”. En  el 2011 la reforma urbanística de la zona impuso la desaparición de un local que estuvo al servicio de algunos barceloneses, pero fue un ejemplo palpable de la hipocresía de muchos políticos, en cuanto a prohibición y permisibilidad.
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