Cine Casas - La Barcelona de antes

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Cine Casas

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Carretera de la Virgen del Puerto 124, su primer propietario Narciso Casas Durban, aprovecho la falta de cines en la Zona Franca, para una vez finalizada la guerra civil, intentar dar un local de diversión en un barrio de cerca de 30.000 habitantes. Estaba compuesto con una platea con 651 y un anfiteatro con 255 espectadores.
Posteriormente el cine fue adquirido por José Balañá Espinós, hermano de Pedro Balañá, el cual lo traspaso en 1948 a Anastasio Valldaura (que posteriormente abriría en el barrio el cine Capri), reformándolo y haciendo un aumento de la capacidad del anfiteatro en 45 localidades.
El cine fue concurrido por los habitantes de la Zona Franca, ya que era uno de los pocos que había en la zona y por el público en general, gracias a la novela publicada en 1957, (por uno de sus vecinos más importante), el escritor y periodista Francisco Candel,  “Donde la ciudad cambia de nombre”.
Francisco Candel, que había venido con sus padres a Barcelona, estuvo viviendo en su niñez en una barraca de la falda de la montaña de Montjuïc y le toco vivir la miseria que sufrían los inmigrantes en aquellos tiempos. Aunque fue al colegio hasta los catorce años se convirtió en un escritor y periodista, que fue admirado por el público y querido por los habitantes de la Zona Franca, ya que gracias a él y a sus libros “Els altres catalans”. Los otros catalanes y “Donde la ciudad cambia de nombre”, el mundo conoció la problemática del barrio. En esta última novela narraba las penas y  vicisitudes de los inmigrantes vivían en aquella época.
Hizo una descripción real de aquella gente que había llegado a Cataluña con las ilusiones de encontrar una acogida amable y del ambiente que se encontraron. Al relatar las vivencias sufridas en el cine, comentaba la suciedad y el aire de miseria que le rodeaba, pero que en los meses de invierno muchas familias del barrio se llevaban la cena hecha desde casa, porque en el cine se estaba mucho más caliente que en sus modestas casas y barracas.
Durante un tiempo ofreció sesiones de variedades en los intermedios, casi siempre los artistas de segunda categoría en un ocasión actuó el cantante y  bailarín de la copla andaluza Antonio Amaya, que consiguió llenar el local y hasta que fueran situados en los laterales de la sala espectadores de pie.
La mejora del barrio a partir de la década de los sesenta y la falta conservación del local, hizo que fuera perdiendo espectadores y por consiguiente el deterioro del local, lo que conllevo las denuncias de la administración. El 14 de diciembre de 1960, se comprobó entre otros la falta de seguridad en caso de incendio. En 1966 no solo la situación era peor sino que no se habían cumplido los defectos anteriores se encontraron varias puertas de salida cerradas con candados. El 9 de mayo de 1970, se realizó la última inspección que determino la necesidad de tomar una determinación en cuanto a su supervivencia como local de espectáculos. Cerró definitivamente sus puertas el 27 de septiembre de 1970.
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