Casa Milà – La Pedrera Revisada el 8 de julio del 2018 - La Barcelona de antes

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Casa Milà – La Pedrera Revisada el 8 de julio del 2018

Edi. Particulares II
La Casa Milà, más conocida por “La Pedrera”, es el edificio más popular si exceptuamos La Sagrada Familia, construido por el arquitecto Antoní Gaudí, entre los años 1906 y 1910, se encuentra en el distrito del ensanche, en un chaflán del Paseo de Gracia 92 con la calle Provenza 261-265, en el mismo solar que había ocupado anteriormente un chalet construido en la frontera entre los municipios de Barcelona y la Villa de Gracia, antes de su anexión a la Ciudad Condal en 1897.
El antiguo Chalet había pertenecido  a Josep Ferrer-Vidal i Soler (hermano del fundador de la antigua Caja de Pensiones para la Vejez y Ahorro “Caixa de Pensions per a la Vellesa i d'Estalvis”, actualmente “La Caixa”, Lluis Ferret-Vidal i Soler). El cual vendió en 1905, a Pere Milà i Camps, abogado, industrial y político, el Chalet para construir su residencia particular construyendo un nuevo edificio.
en 1905 Pere Milà, que había contraído matrimonio con Roser Segimon Artells, (viuda de Josep Guardiola i Grau, un rico indiano nacido en L'Aleixar (Tarragona), que en Guatemala, había cosechado una gran fortuna a través de los negocios inmobiliarios y de las importaciones y exportaciones. Fue el inventor del Kosmal Idioma (idioma universal), mezcla de los idiomas: italiano, latín, inglés, francés y catalán y que había sido accionista en la construcción del Canal de Panamá, muerto en París en 1901).
Josep Guardiola i Grau, había conocido a Roser, cuando contaba sesenta años de edad y ella solo 22, fue un regalo para el indiano que la formo y la introdujo en el mundo de la cultura en la que él vivía.  Diez años después de la boda Josep Guardiola fallecía, convirtiéndose Roser en dueña de una importante fortuna a la temprana edad de 32 años, con un reconocimiento dentro de una sociedad a la vez que se había integrada por su del marido.
Pere Milà, había encontrado en Roser (que había heredado toda la fortuna de su marido), la mujer perfecta para dar rienda suelta a sus aires de grandeza y  pudo financiar todos los proyectos y negocios. Fue el primer empresario de la plaza de toros La Monumental y  organizador  de la primera carrera de automóviles organizada en la ciudad.
Pera Milà, conjuntamente con su esposa, Roser Segimon, (que ya conocía a Antoni Gaudí, por ser uno de los artistas cercanos a Reus) a través de su difunto marido, encargaron a este la construcción de la Casa Milà (La Pedrera). El cual inmediatamente pasó a desarrollar el nuevo proyecto del futuro edificio.
El edificio tendría seis plantas con fachada a la calle Provenza y Paseo de Gracia, este pese a su visión unitaria constaba  de dos edificios adosados,  e independientes poseyendo cada uno, su propia puerta de acceso, con dos patios interiores, que se comunican únicamente por la Planta Baja. No obstante el edificio exteriormente da el aspecto de un solo edificio. Gaudí contó con la colaboración de sus asiduos colaboradores: Josep María Jujol, Domènec Sugrañes, Francesc Quintana, Jaume Bayó i Font, Joan Rubió, Enrique Nieto y Josep Canaleta, así como del constructor Josep Bayó i Font, que ya había trabajado con Gaudí en la restauración de la Casa Batlló.
Gaudí, que  entonces era un arquitecto de gran renombre, trabajaba en diversos proyectos a la vez: el Templo de la Sagrada Familia (1883-1926), la Torre Bellesguard (1900-1909), el Parque Güell (1900-1914), la Casa Batlló (1904-1906) y la restauración de la Catedral de Santa María de Palma de Mallorca (1903-1914).
En febrero de 1906 se presentaron los planos en el Ayuntamiento para solicitar el permiso de obras. El proyecto sufrió diversos retrasos, por parte de los arquitectos municipales, ya que el edificio superaba con creces, la altura y anchura establecida en aquellos tiempos para las medidas de los edificios, por las ordenanzas municipales.
El edificio se construiría en un solar con una fachada de 34 por 56 metros y una superficie de 1835 m2 de superficie. Dividido en seis plantas que pese a su visión unitaria constaba  de dos edificios adosados,  e independientes poseyendo cada uno, su propia puerta de acceso, con dos patios interiores uno circular y otro oval, que se comunican únicamente por la Planta Baja, más un sótano, un desván y la azotea. No obstante el edificio exteriormente da el aspecto de un solo edificio. Sin embargo, la fachada presentaba una estructura unitaria y común a ambos edificios. La estructura de carga estaba formada por columnas de ladrillo macizo y piedra. Las paredes divisorias no tenían ninguna función estructural, por lo que su construcción y diseño podía variar de una planta a otra. La estructura interior de pilares y jácenas conectaba con la parte exterior que se construiría en piedra mediante unas vigas metálicas curvadas a todo lo largo del perímetro de cada planta.
En el sótano se construyó un pilar de hierro del que partían  las vigas también de hierro que sostenía el patio circular de la planta baja, situado inmediatamente encima. La fachada parte impactante de la obra, por su forma ondulada tampoco cumplía una función estructural, era un revestimiento de ornamentación  causante  de muchos problemas con el ayuntamiento de la época. Los balcones con piedra y hierro forjado, que ofrecían una decoración abstracta Tal era la implicación de Gaudí con el proyecto que llegó a diseñar un tipo de baldosas hexagonales para colocar en el pavimento de la calle, baldosa que posteriormente fue elegida por parte del gobierno municipal para el pavimento de todo el Paseo de Gracia.
La Pedrera que era un edificio de grandes dimensiones quedaría desglosada de la siguiente manera. El piso principal sería  destinado a la residencia familiar y el resto se destinaría en régimen de viviendas de alquiler. La planta baja, en su parte exterior, seria destinada a locales comerciales, siendo la primera tienda una sastrería abierta en 1928.
El Ayuntamiento detuvo las obras en diciembre de 1907, porque había un pilar de la fachada que ocupaba una parte de la acera sin respetar el alineamiento con las fachadas colindantes. Al serle comunicada la noticia a Gaudí, este respondió con su estilo irónico habitual. Diles que si quieren cortaremos el pilar como si fuera un queso y esculpiremos una leyenda que diga “Cortado por orden del Ayuntamiento”.
En septiembre de 1909 el ayuntamiento abrió un nuevo expediente a Gaudí, porque superaba la altura prevista y excedía el volumen construido. El ayuntamiento  tomo la decisión de imponer a la construcción una multa de 100 000 pesetas u ordenar derribar el desván y la azotea. La polémica se solucionó un año y medio más tarde, cuando la Comisión del Ensanche certificó el 28 de diciembre de 1909, certificó que se trataba de un edificio monumental y no se requería que se ajustara estrictamente a las ordenanzas municipales. La solución satisfizo a Gaudí, el cual pidió una copia de dicha resolución para conservarla.
La decoración de la vivienda principal fue la más lujosa del edificio, también enfrento a Gaudí, con el matrimonio Milà, había colocado al frente de la decoración del mobiliario y la de las paredes, a su colaborador Josep Maria Jujol, que realizo un trabajo impactante no exento de polémica, que pese a las sugerencias de la familia a que fueran eliminados Gaudí no quiso transigir.
Jujol, siempre bajo la supervisión de Gaudí, había realizado varios diseños abstractos o de inspiración naturalista  con versos de poemas y canciones populares catalanas, a las que Roser Segimon, no le gustaron dentro de la decoración,  En 1926, nada más fallecer Gaudí la Señora Milà mandó que fueran tapados con yeso.
Todos estos enfrentamientos con la administración y el hecho de que Gaudí no cediera a las sugerencias de Pere Milà y señora, en la construcción y la decoración del edificio crearon grandes divergencias  Pere Milà y Gaudí que acabo abandonando la dirección de la obra en 1909. Esta decisión de Gaudí, hizo enfriar la relación entre ambos y que Gaudí,  decidiera presentar una demanda y llevar a juicio al Sr. Milà para poder cobrar sus honorarios que se había negado a pagar por incumplimiento de contrato. Gaudí gano el juicio y los honorarios fueron pagados. Una vez cobrados  Gaudí los dono íntegramente los jesuitas. El señor Milà para poder hacer frente al pago, tuvo que hipotecar la casa.
En 1910 una vez acabada la construcción de la Pedrera,  Pere Milà pidió permiso al Ayuntamiento para poder alquilar  las viviendas construidas para tal fin, nuevamente el propietario tuvo problemas, ya que no fue concedido, por no tener es su poder el certificado de finalización de obra, ya que en su disputa con Gaudí este todavía no se lo había entregado,  Gaudí disgustado por las continuas disputas que tuvo con el empresario no se lo entrego hasta octubre de 1912.
Durante la Guerra Civil, la Pedrera fue ocupada por el PSUC, (algo muy normal en aquellos tiempos con casi todos los edificios de un valor artístico especial), cuyo secretario general, Joan Comorera, se instaló en el piso principal que era la vivienda de los Milà. Estos que estaban veraneando en Blanes en el momento del estallido de la contienda, se pasaron a la parte nacional y no volvieron a su casa hasta 1939 una vez terminada la guerra. En 1940 falleció Pere Milà, en 1946, su mujer Roser Segimon  vendió el inmueble a la Inmobiliaria “CIPSA” Compañía Inmobiliaria Provenza, S.A., si bien siguió viviendo en el piso hasta su 1964 fecha de su fallecimiento.
En 1969, fue declarada Monumento Histórico-Artístico Nacional y en 1984 la UNESCO la incluyó dentro del  Patrimonio de la Humanidad, junto con el Palacio Güell, el Parque Güell y la Cripta de la Colonia Güell. En 1986 “La Pedrera” fue adquirida por Catalunya Caixa, para que después de una restauración, pudiera ser visitada  y conocida. En 1987 la Pedrera inauguró su apertura al público, lo que ha motivado una gran afluencia de visitantes, que supera el millón de visitas al año,  en verano se realizan visitas nocturnas con alguna actuación musical, convirtiéndola en uno de los diez lugares más visitados de la ciudad.
El 1 de enero de 2013 nació “La Fundació Catalunya-La Pedrera”, que es la encargada de velar por el mantenimiento estructural, cultural y promocional del edificio.
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