Casa Macaya – Palacio Macaya Revisada el 26-06-2018 - La Barcelona de antes

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Casa Macaya – Palacio Macaya Revisada el 26-06-2018

Edi. Particulares II
A principios del siglo XX con ocasión de la de la expansión que tuvo el modernismo en la ciudad, fueron muchos los personajes importantes, que para demostrar su poderío  económico y profesional dentro de la Sociedad, decidieron empezar a construir palacetes en los que vivir con su familia y demostrar así su poderío. Para ello buscaron a los arquitectos con más renombre y los lugares más importantes.
Román Macaya i Gibert, rico empresario catalán, fue uno de esos empresarios que mando construir su mansión en el Paseo de San Juan 108, muy cerca de la Diagonal. Macaya fue un hombre muy importante y poderoso, que había hecho una fortuna con el cultivo del algodón en América y decidió volver a Barcelona para disfrutar del resto de su vida. Estaba con Carmen Sanmartí, con la que tuvo dos hijos.
Pronto se codeó con el rey de España, Alfonso XIII y los personajes más influyentes de la sociedad barcelonesa. Construyó el ferrocarril desde Monistrol a Montserrat y el funicular de Vallvidrera inaugurado en 1906 para comunicar la línea de Sarriá actuales ferrocarriles catalanes (FGC), con el antiguo pueblo de Vallvidrera lo que le convirtió en el centro de muchas reuniones.
En 1898, encargo a Josep Puig i Cadafalch, la construcción de un palacete en un lugar que en aquellos tiempos estaba bastante alejado del centro de la ciudad. Hay que tener en cuenta que Puig y Cadafalch, realizaba cada día varios viajes en motocicleta, para poder seguir personalmente, las obras entre la Casa Macaya y la Casa Amatller, que en aquellos momentos eran los edificios que tenía en construcción.
La casa Macaya fue construida en un modernismo ecléctico con detalles de las casas solariegas catalanas que se construyeron a  finales del siglo XIX. Una voluntad nacionalista  de Puig i Cadafalch de dar a sus construcciones una composición ecléctica de estilos que responden a su voluntad nacionalista. Si nos paramos a visitar sus obras comprobaremos que en muchas de ellas en la casa Macaya y Amatller podemos comprobar que en el último piso encontraremos una galería con  horquillas conopiales, en una galería corrida  que servía de balcón.  Esta composición de estilos respondía a la voluntad de fijar las bases de una nueva arquitectura catalana.
Puig y Cadafalch, presentó una fachada con trabajos escultóricos en piedra y cerámica vitrificada, con serigrafía de colores, muestra motivos vegetales y geométricos, ornamentados con alegorías textiles una influencia familiar ya que era hijo de unos conocidos fabricantes de tules y puntillas. El balcón corrido del piso principal, destacaba con remates de piedra labrada. En la parte izquierda de la entrada, se colocó un capitel con la figura de un motorista que representaba a Puig i Cadafalch en su ir y venir entre las dos obras que estaba realizando al mismo tiempo.
Se rodeó de profesionales que colaboraron con él en diferentes proyectos: Joan Paradis i Figueras, para los esgrafiados en ocre, Manuel Ballarín en los trabajos realizados en forja. En todo momento estuvo ayudado por sus habituales colaboradores: Eusebio Arnau y Alfonso Jujol
A pesar de su parecido con las casas solariegas catalanas y la austeridad de la fachada estucada en blanco, no faltaron elementos decorativos propios del modernismo influyente. Destacando la escalera exterior cubierta y muy ornamentada, con diferentes motivos florales, reservando la planta principal como residencia familiar del propietario del edificio, reservando el resto para pisos de alquiler, a los que se podía acceder desde una escalera diferente a la de los propietarios del edificio.
En 1904, unos anarquistas tiraron una bomba a la casa, a consecuencia de la cual Román Macaya quedo viudo. Por lo que decidió marcharse una temporada a París, donde conoció a Armandine una muchacha de 18 años, Román que ya pasaba de los 60 tuvo un flechazo,  lo que provoco otra bomba, esta vez en el aspecto social cuando regreso con ella, casándose en 1905. Román Macaya vivió en la Casa durante doce años compartiendo la casa con la familia de su hermano Alfonso que habitaba uno de los pisos que estaban destinados a su alquiler.
Román Macaya  vendió la casa  en 1914 a Joan Vilella i Estivill, empresario nacido en Reus, que dirigió la refinería de petróleo "La Pensilvania", fundada por su padre y fue presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Reus en 1903. Vivió con su familia hasta el año de su muerte en 1925. Dejó la casa en herencia a sus tres hijos que vivieron en ella hasta que fue confiscada durante la guerra civil en 1936. Fue usada como prisión ocasional, lo que conllevo a que el edificio sufriera una gran cantidad de desperfectos, que sus hijos fueron reacios a restauran cuando el edificio volvió a su titularidad. En 1947 la entonces Caja de Pensiones para la Vejez y ahorros, adquirió el edificio,  transformándolo en el Instituto Educativo de Ciegos y Sordomudos, el cual se inauguró en 1949.
Durante todo ese tiempo también estuvieron localizadas en el edificio, las oficinas de la revista Braille y la capilla provisional de la parroquia de Sant Francesc de Sales, que permanecía cerrada  con motivo de las obras de restauración para restañar los daños sufridos durante la contienda y  borrar las huellas dejadas por el incendio.
Desde el Palau Macaya, la Obra Social “la Caixa” quiere forjar un nuevo espacio dedicado al impulso de la reflexión a través de un diálogo continuado. Esta implicación en el diálogo entre personas, entidades, empresas y administraciones quiere propiciar la transferencia de conocimiento y experiencias entre todos,  que impulsen el progreso social.
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