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Casa Amatller

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La casa Amatller, fue la primera casa en construirse en lo que hoy llamamos “Manzana de la Discordia”, (situada en el Paseo de Gracia entre las calles Consejo de Ciento y Aragón), nombre dado a cinco edificios que en su día rivalizaron por su calidad, diseño y por estar construidos por los cinco arquitectos modernistas de más prestigio de la época: Casa Amatller de Josep Puig i Cadafal, Casa Batlló de Antoni Gaudí, : la Casa Lleó Morera de Lluís Domènech i Montaner, la Casa Mulleras de Enric Sagnier y la Casa Bonet de Marcel-lià Coquillat.
La casa que ya estaba construida desde 1875 por el arquitecto Antoni Robert, fue comprada por la familia Amatller propietaria de la fábrica de chocolates del mismo nombre en 1898 y acto seguido eligieron a José Puig i Cadafalch, para que la reformara sin derribar el edificio, cosa que concluyo en 1900.
El edificio, fue ideado como palacete urbano de una sola familia, con fachada plana, un patio central y una escalera que daba acceso al salón, biblioteca y a las habitaciones principales.
Para su remodelación Puig i Cadafalch, se rodeó de los mejores artistas de la época: Masriera i Campins realizo los trabajos de Bronce, la carpintería corrió a cargo de Casas i Bardés, la cerámica fue obra de Torres Mauri y Pujol i Baucis, el hierro forjado corrió a cargo de Esteve Andorrà y Manuel Ballarín, los muebles fueron de Gaspar Homar y por último las esculturas corrieron a cargo de Eusebi Arnau y Alfons Juyol. Como podemos ver, Antoni Amatller y Puig i Cadafalch, no escatimaron en hacer una casa que fuera la admiración.
La fachada tiene la particularidad que a las personas que han estado por los Países Bajos, posiblemente les recuerde, las construcciones de esos lugares en especial en lo que concierne a la parte alta del edificio con su acabado triangular. La casa tiene dos puertas asimétricas en la fachada una más estrecha para la entrada de las personas y otra mucho más ancha que era la puerta de entrada de los carruajes de la época. Destaca el balcón de hierro forjado fabricado con una particular elegancia. 
En el año 1941, Teresa Amatller, hija de Antoni Amatller, creó, con el consejo y asesoramiento de Josep Gudiol Ricart, la Fundación Instituto Amatller de Arte Hispánico, con la doble finalidad de conservar la Casa Amatller y sus colecciones, y de propulsar la investigación de la historia del arte hispánico
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