Casa Amatller Revisada el 16 de julio del 2019 - La Barcelona de antes

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Casa Amatller Revisada el 16 de julio del 2019

Edi. Particulares I
La casa Amatller, está situada en el Paseo de Gracia entre las calles Consejo de Ciento y Aragón, fue la primera casa construida  en la llamada  “Manzana de la Discordia”,  nombre que fue dado a los cinco edificios, construidos por los cinco arquitectos, más importantes  de la época y que los enfrento delante de la opinión pública de la época, en pos de quien realizaba el edificio modernista más interesante. Cabe destacar que la construcción no fue directa como podríamos pensar en nuestros días, sino que su construcción se realizó sobre edificios ya construidos y que  fueron reconstruidos por ellos.
La Casa Amatller por Josep Puig i Cadafalch, la  Casa Batlló por Antoni Gaudí,  la Casa Lleó Morera por Lluís Domènech i Montaner, la Casa Mulleras por Enric Sagnier y la Casa Bonet por Marcel-lià Coquillat.
La casa Amatller era un edificio construido en 1875 por el arquitecto Antoni Robert i Morera, que fue adquirido por Antoni Amatller i Costa  propietario de la fábrica de chocolates Amatller, en 1898, para construir su domicilio particular. Se puso en contacto con Josep Puig i Cadafalch, para que reformara el edificio sin tener que derribarlo, aprovechando sus cimientos  quedo finalizado en  1900.
La restauración del edificio de cuatro plantas, se proyectó como palacete urbano, el piso principal, como residencia  familiar, los tres superiores para ser alquilados y un quinto de nueva construcción, como estudio fotográfico donde poder desarrollar su afición a la fotografía.
La fachada plana, tenía la particularidad, de recordar las construcciones de los edificios belgas, está decorada con un esgrafiado, que recuerda un tapiz de motivos florales, que fue sacado de un encaje de la colección del señor Amatller. Las distintas aberturas a la calle (puertas, ventanas y la tribuna), están decoradas con esculturas de Eusebi Arnau realizadas con la colaboración de Alfons Juyol (prolifero en colaborar con grandes arquitectos de la época), a él se debe las esculturas realizadas dentro del parque de la Ciudadela (los escudos cerámicos del Castillo de los Tres Dragones), finalizaba con un acabado triangular con un frontón escalonado enmarcado de piedra y cerámica.
La planta baja tenía dos puertas asimétricas un a más estrecha para la entrada de las personas y la otra mucho más ancha  para la entrada de los carruajes de la época. Una parte estaba destinada  al servicio,  tenía una escalera y un montaplatos, las habitaciones del servicio y el garaje, con una plataforma circular para facilitar la entrada y salida del coche de Antoni Amatller, uno de los primeros de la ciudad.
La planta baja tenía dos puertas asimétricas un a más estrecha para la entrada de las personas y la otra mucho más ancha  para la entrada de los carruajes de la época. Una parte estaba destinada  al servicio,  tenía una escalera y un montaplatos, las habitaciones del servicio y el garaje, con una plataforma circular para facilitar la entrada y salida del coche de Antoni Amatller, uno de los primeros de la ciudad.
Por la puerta estrecha se llegaba a un patio interior del que salían dos escaleras, una exclusiva cerrada por una vidriera de colores que dejaba sin efecto la sensación de chimenea de los patios de las casas de pisos, con ornamentación de lámparas, con baranda de mármol que accedía al piso principal, residencia de la familia Amatller. En  la parte de atrás que daba al patio posterior, estaban el comedor, la sala de  música, la biblioteca y las habitaciones de los invitados. En la parte del Paseo de Gracia, destacaba el balcón de hierro forjado, en el estaban las habitaciones de Antoni, con sus colecciones  y las de su hija Teresa, con una dedicada a la costura. La escalera más sencilla, llevaba a los tres pisos destinados al alquiler y al estudio de fotografía de de Antonio Amatller.
Para su remodelación Puig i Cadafalch, se rodeó de los mejores artistas de la época: Casas i Bardés, se encargó del trabajo de carpintería; Gaspar Homar, se encargó de la construcción del mobiliario; Torres Mauri y Pujol i Baucis, se ocuparon de la, la cerámica; Masriera i Campins fue el encargado de realizar los trabajos de bronce, Esteve Andorrà y Manuel Ballarín, se encargaron del hierro forjado; por último Eusebi Arnau y Alfons Juyol, se encargaron de realizar las esculturas que adornaban la casa.
Por la calidad de los artistas citados, podemos  adivinar que ni Antoni Amatller ni Puig i Cadafalch, no escatimaron dinero en el palacete y pretendieron que fuera la admiración de cuantas personas contemplaran el edificio.
En 1941, Teresa Amatller, hija de Antoni Amatller, con el asesoramiento de Josep Gudiol Ricart, creó la Fundación Instituto Amatller de Arte Hispánico, con la doble finalidad de conservar la Casa Amatller y sus colecciones para propulsar desde la fundación, la investigación de la historia del arte hispánico. En los bajos se encuentra instalada la firma de joyería Bagués – Masriera.
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