Casa Amatller Revisada el 13-06-2018 - La Barcelona de antes

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Casa Amatller Revisada el 13-06-2018

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La casa Amatller, fue la primera casa en construirse en lo que hoy llamamos  “Manzana de la Discordia”, (situada en el Paseo de Gracia entre las calles Consejo de Ciento y Aragón). Nombre dado a cinco edificios que en su día rivalizaron por su calidad, diseño y por estar construidos por los cinco arquitectos modernistas de más prestigio de la época y que eran propiedad de cinco de las personas más influyentes en aquella época en la ciudad condal: Casa Amatller construida por Josep Puig i Cadafalch propiedad de Antoni Amatller , industrial chocolatero, Casa Batlló reconstruida por Antoni Gaudí, propiedad de Josep Batlló, industrial textil, propietario de la antigua Fábrica Batlló (posteriormente el edificio de la Escuela Industrial): Casa Lleó Morera (antigua Casa Rocamora) reconstruida por Lluís Domènech i Montaner, propiedad de Antoni Morera heredada en 1902 por Francesca Morera i Ortiz: Casa Mulleras reconstruida por Enric Sagnier propiedad de Ramón Mulleras y la Casa Bonet reconstruida por Marcel-lià Coquillat propiedad de Josefina Bonet.
La casa había sido construida en 1875 por el arquitecto Antoni Robert i Morera. Fu adquirida por la familia Amatller propietaria de la fábrica de chocolates Amatller en 1898, quien eligió a José Puig i Cadafalch, para que les hiciera una reforma integral sin derribar el edificio, ya que aunque la construcción era de calidad, querían que esta destacara sobre las demás edificaciones construidas en la zona hasta la fecha. Quedando terminada su reconstrucción en 1900, tan solo 18 meses desde el comienzo de la obra de rehabilitación.
El edificio, fue ideado como palacete urbano para una sola familia, con fachada plana, un patio central y una escalera que daba acceso al salón, biblioteca y a las habitaciones principales. Tenía tres espacios superpuestos: En la planta baja y el piso principal la residencia de la familia Amatller. Encima, un edificio de vecinos de tres plantas, con escalera propia desde un segundo patio que estaba destinada al alquiler y en encima, el estudio de fotografía del sr. Amatller.
Para su remodelación Puig i Cadafalch, se rodeó de los mejores artistas de la época: Masriera i Campins realizo los trabajos de Bronce, la carpintería corrió a cargo de Casas i Bardés, la cerámica fue obra de Torres Mauri y Pujol i Baucis, el hierro forjado corrió a cargo de Esteve Andorrà y   Manuel Ballarín, los muebles fueron de Gaspar Homar y por último las esculturas corrieron a cargo de Eusebi Arnau y   Alfons Juyol. Como podemos ver, Antoni Amatller y Puig i Cadafalch, no escatimaron ningún tipo de gasto a la hora de hacer una casa que fuera la admiración no solo de la ciudad, sino también de sus competidores.
La fachada tiene la particularidad que a las personas que han estado por los Países Bajos, posiblemente les recuerde, las construcciones de esos lugares en especial en lo que concierne a la parte alta del edificio con su acabado triangular. Tiene dos puertas asimétricas en la fachada una más estrecha para la entrada de las personas y otra mucho más ancha  que en aquella época estaba dedicada como puerta de entrada de carruajes. Destaca el balcón de hierro forjado fabricado con una particular elegancia.
Al piso principal se accedía por una escalera exclusiva cerrada por una vidriera de colores que dejaba sin efecto la sensación de chimenea de los patios de las casas de pisos. Contaba con comedor,  sala de música y las habitaciones de la familia, todas con vistas al Paseo de Gracia, las habitaciones de los invitados daban al patio posterior.
La parte baja estaba destinada al servicio con la cocina (que se encuentra en la actualidad perfectamente conservada), una escalera y un montaplatos, (antiguo artilugio ideado en aquella época para poner a la disposición de los camareros las comidas a servir, sin tener necesidad de subirlas por las escaleras y evitar posibles caídas), las habitaciones del servicio y el garaje, con una plataforma circular para facilitar la entrada y salida de los coches. Cinco personas formaron el servicio de la familia Amatller.
Destacaba  la terminación del edificio con un frontón escalonado enmarcado de piedra y cerámica, al estilo de los Países Bajos. Incumplía las normas de horizontalidad de las fachadas uniformes del Ensanche, pero su propietario quería que su estilo fuera único, para ello no escatimo ningún tipo de recursos conseguirlo.
La fachada está decorada con un esgrafiado, que recuerda un tapiz de motivos florales que fue sacado de un encaje de la colección del señor Amatller. Las distintas aberturas a la calle (puertas, ventanas y la tribuna), están decoradas con esculturas de Eusebi Arnau realizadas con la colaboración de Alfons Juyol (prolifero en colaborar con grandes arquitectos de la época, a él se debe las realizadas dentro del parque de la Ciudadela con los escudos cerámicos del Castillo de los Tres Dragones),
En el año 1941, Teresa Amatller, hija de Antoni Amatller, creó, con el consejo y asesoramiento de Josep Gudiol Ricart, la Fundación Instituto Amatller de Arte Hispánico, con la doble finalidad de conservar la Casa Amatller y sus colecciones, y de propulsar la investigación de la historia del arte hispánico. En los bajos se encuentra instalada la firma de joyería Bagués – Masriera.
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