Calle Aragón – Carrer Aragó - La Barcelona de antes

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Calle Aragón – Carrer Aragó

Calles
La calle Aragón, es hoy en día una de las vías más rápidas para desplazarse por la ciudad si exceptuamos  las Rondas realizadas para las Olimpiadas de 1992. Pero esto que vemos como una cosa normal en nuestros días, no habría sido posible si en 1955, un consejo de ministros celebrado en Barcelona, no hubiese autorizado la apertura del proyecto de soterramiento de las vías del tren que recorrían en una zanja al aire libre por el centro de la calle desde la Plaza de las Glorias hasta la calle Casanova,  continuando después por la avenida de Roma haya la estación de Sants lo que entorpecía el antiguo tráfico que circulaba por la calle.
Durante casi un siglo, los barceloneses estuvieron acostumbrados a la visión de la zanja con paso de los trenes atravesando la ciudad, llenando de humo la calle mientras no desaparecieron los trenes de vapor, (mucho más agradable desde que se electrifico el ferrocarril), antes resultaba imposible asomarse a visionar el paso de los trenes, el humo negro de las máquinas de vapor y el olor a carbón hacían del todo imposible asomarse a contemplar su paso, por otro lado los vecinos de los edificios tenían casi prohibido asomarse a los balcones si no querían que se les llenase la casa de hollín, los edificios tenían u aspecto sucio que fue desapareciendo con el tiempo.
Anteriormente la construcción de la vía del tren transcurría a ras de suelo, entorpeciendo el tráfico y  provocando graves accidentes que provocaban el disgusto ciudadano. Tenemos que tener en cuenta que debido a la diversidad de compañías ferroviarias de la época, que realizaban sus salidas desde las distintas estaciones de origen, Martorell (Plaza Cataluña), Estación de Francia (Antigua MZA) y la estación del Norte, hicieron que se pensara en buscar un recorrido conjunto que les llevara hasta la primera estación fuera de la ciudad que era la estación de Sants.
.El plan de Cerdà, pensando en la evolución que tendría la ciudad ya preveía que con los años sería necesario buscar unas vías rápidas de entrada y salida. La previsión de que la Plaza de las Glorias, figurase como la plaza central de la ciudad, configuro la avenida Meridiana, la avenida Diagonal y la Gran Vía como las calles que llevarían el flujo del desplazamiento rápido necesario para cruzar la ciudad de norte a sur.
Como era lógico también se pensó en la circulación del ferrocarril. Las estaciones estaban situadas en una parte de la ciudad, que necesitaban disponer de un espacio, para poder dirigirse hacia la zona de Madrid, del sur y del norte de España, por ello se pensó al realizar su proyecto del trazado ferroviario, que esta misión fuera soportada por la calle Aragón, que se encontraba entre las dos calles rápidas y que por el centro de la ciudad seguía casi un mismo trazado, se decidió darle una anchura especial.
En el diseño original, la calle Aragón tenía 50 metros de anchura, para poder contrarrestar la perdida que representaba la ubicación de las vías del tren y así mantener el espacio para carruajes, si pasamos por la calle Aragón contemplaremos que la iglesia de la Concepción que fue de las primeras construcciones de la calle esta retirada de la línea de edificios hoy existente, que era la anchura que en principio se quería dar a la calle. En aquellos tiempos todo el mundo pensó que la anchura era desmesurada, especialmente los propietarios de terrenos que debían ser expropiados y el propio ayuntamiento que pretendían evitar una posible deducción de ingresos, por lo que se tomó la decisión de dejar la anchura en los 30 metros actuales.
La fusión de las compañías en 1880, dio el visto bueno al recorrido, pero pretendió que este  se realizara por la superficie, debido al alto costo que representaría  realizar una zanja como pretendían los ciudadanos y comerciantes, realizando unos pasos a nivel en todas las calles que cruzaban en su recorrido. El Ayuntamiento en principio estuvo de acuerdo con el proyecto con tal que se realizase, pero no fue así por parte de los comerciantes y vecinos que se opusieron enérgicamente a su desarrollo en la superficie de la calle.
El Gobierno central viendo que el conflicto no hacía nada más que radicalizarse, decidió intervenir  ordenando al ministerio de Fomento que estudiara la mejor solución para el proyecto. Se formó una comisión para ver los pros y los contras de los dos proyectos poniendo al frente del mismo a José de Echegaray (Años después, Premio Nobel de Literatura), quien se trasladó a Barcelona, para ver sobre el terreno cual sería la mejor solución.
Echegaray constato la peligrosidad del sistema de superficie, debido a los continuos accidentes que sufría la línea del ferrocarril de Sarria que partía de la calle Pelayo con Plaza de Cataluña con subida y bajada por la calle Balmes. Se decidió que la mejor solución era realizar el recorrido a través de una zanja. Las vías pasarían por el centro de la calle, construyendo en las calles con dirección mar montaña unos puentes que facilitaran la unión entre ambas partes de la ciudad.
La zanja que atravesaba la ciudad dirección Llobregat-Besòs en su lado Llobregat se desviaba a la altura de la calle Casanova hacia la avenida de Roma hasta llegar a la estación de Sants, hacia el lado Besòs llegaba hasta cerca de la plaza de las Glorias, en donde se bifurcaba hacía las estaciones del Norte o Francia, este lugar también se encontraba la bifurcación de las líneas que salían hacía Francia o el norte de Cataluña. La obra se inauguró el 25 de octubre de 1882.
En 1902 vista los problemas que representaban la ubicación de las dos estaciones principales, se decidió construir un apeadero en el Paseo de Gracia que fuera mucho más cómodo para los viajeros de la clase alta.
En 1956 se electrificó la línea entre Barcelona y Tarragona y en 1957, empezaron las obras de cobertura de la zanja, ello motivo que se derribara el apeadero existente realizando el acondicionamiento de otro subterráneo que se inauguró en noviembre de 1960. Las obras de la cobertura total que incluía la avenida de Roma entre la Calle Casanova y la de Conde Urgel finalizaron en 1962, fecha en que la calle Aragón se convirtió en una de las vías más amplias y transitadas de la ciudad. Inicialmente disponía de tres carriles en cada sentido de circulación además de otro en cada lado destinado aparcamiento. Con el paso del tiempo el sentido de la circulación se unificó en sentido Besos-Llobregat, que la convirtió con la apertura progresiva de los semáforos en la calle más rápida para atravesar la ciudad.
Hoy en día la calle Aragón no tiene ningún transporte público que entorpezca la circulación, solo tiene en su lado montaña un carril para que los taxis puedan circular y efectuar paradas rápidas de pasajeros
 
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